Tensiones con EEUU contribuyen a alianza Turquía-Venezuela

A primera vista parecen una pareja extraña.

Sin embargo, Turquía —una potencia en el Mediterráneo que a menudo se irrita ante lo que llama el intervencionismo occidental— y Venezuela, una nación caribeña rica en petróleo y oro pero en crisis perpetua y bajo sanciones de Estados Unidos, tienen unas cuantas cosas en común.

Existen vínculos económicos; los aspectos más turbios han atraído el escrutinio del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Se solidarizan en su discurso antiestadounidense, aun cuando Estados Unidos es uno de los principales socios comerciales de Turquía. La relación personal entre los gobernantes de Venezuela y Turquía es cálida, forjada en parte por las palabras de solidaridad mutua durante los intentos internos de expulsarlos del poder.

“No habrá sanciones, ni bloqueo, ni ningún tipo de situación que impida que nosotros podamos seguir profundizando nuestra relación integral, y nuestra relación económica y comercial en particular”, dijo el canciller venezolano Jorge Arreaza en una conferencia de prensa conjunta con Cavusoglu.

El diplomático turco, que visitó República Dominicana y Haití antes de su llegada a Caracas, dijo que sus reuniones en Venezuela se enfocaron en la agricultura, la construcción, el turismo, la educación y la asistencia médica. A pesar de la pandemia, el volumen del comercio entre Turquía y Venezuela se triplicó en los primeros seis meses de este año en comparación con el mismo periodo en 2019, señaló Cavusoglu sin mencionar cifras específicas.

“Debemos continuar”, declaró el ministro turco. Indicó a Arreaza que Turkish Airlines tiene la intención de convertirse en la primera aerolínea que reanude vuelos a Caracas “cuando ustedes abran su aeropuerto”.

El principal aeropuerto internacional cerró a los vuelos de pasajeros debido a la pandemia, aunque el número de aerolíneas que funcionaban ahí había disminuido durante años a medida que el país caía en crisis. La economía se deterioró, el conflicto político y los abusos a los derechos humanos se intensificaron, millones huyeron de Venezuela, y las sanciones de Estados Unidos prácticamente paralizaron su emblemática industria petrolera, que ya atravesaba por dificultades desde antes.

Junto con Rusia y China, Turquía se cuenta entre el reducido número de países que suponen un salvavidas para el presidente venezolano Nicolás Maduro, quien ha repelido los intentos del líder opositor Juan Guaidó de deponerlo. Estados Unidos ha hecho que sea cada vez más difícil para esos países hacer negocios con Venezuela, como sucedió la semana pasada cuando confiscó la carga de cuatro buques que supuestamente transportaban combustible iraní a Venezuela. Irán dijo que Estados Unidos no tenía derecho a confiscar los embarques en aguas internacionales.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos también ha expresado preocupación sobre el oro que dice Venezuela transportó en avión a Turquía y Emiratos Árabes Unidos.

Desde principios de 2018, cuando se le agotaron las reservas de divisas, Venezuela comenzó a vender oro para pagar contratos, incluidos algunos para una red de distribución de alimentos que era aprovechada para llevar a cabo actos de corrupción en una trama supuestamente encabezada por allegados de Maduro, dijo el departamento.

Una compañía con sede en Turquía y administrada por Alex Saab, un empresario colombiano vinculado al círculo de Maduro, “compró mercancías en Turquía a nombre de clientes venezolanos, elevándoles los precios antes de venderlos de nuevo a Venezuela”, señaló el departamento el año pasado.

Saab fue arrestado en junio en Cabo Verde cuando se dirigía a Irán y ha impugnado su extradición hacia Estados Unidos. El gobierno de Maduro dijo que el empresario viajaba a Irán en una “misión humanitaria” para comprar alimentos y suministros médicos.

Maduro, que sazona sus discursos con retórica socialista, afirma que la presión estadounidense equivale a un intento de golpe de Estado. Su relación personal con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan dio inicio cuando expresó su solidaridad después que el gobernante turco sobreviviera a una intentona golpista de un grupo de militares en 2016. Erdogan regresó el favor cuando Guaidó, cuyo movimiento está inactivo de momento, efectuaba una intensa campaña contra Maduro.

Sin embargo, Turquía continúa operando dentro de las restricciones estadounidenses. El año pasado, el banco turco Ziraat dejó de trabajar con el banco central de Venezuela debido a las sanciones estadounidenses.

“Por tanto, las medidas punitivas de Estados Unidos que incrementan el costo de las relaciones de Turquía con Venezuela podrían obligar a Erdogan a reducir su apoyo a Maduro”, aun si continúa censurando la política estadounidense hacia Venezuela, escribió el exdiplomático turco Imdat Oner. En un análisis para el Centro Wilson con sede en Washington, Oner describió la relación entre Turquía y Venezuela como “una alianza de conveniencia”.

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