El 11 de septiembre de 2001, diecinueve hombres secuestraron cuatro aviones comerciales estadounidenses cargados de combustible que se dirigían a varios destinos de la costa oeste. En total 2,977 personas fueron asesinadas en la ciudad de Nueva York, Washington y a las afueras de Shanksville, Pensilvania.

El ataque fue orquestado por el líder de al Qaeda, Osama bin Laden.

Los estadounidenses conmemoran con ceremonias, voluntariado, exhortos a “nunca olvidar” y llamados de atención al creciente número de socorristas que han muerto o enfermado tras los ataques terroristas.

Se prevé que muchos familiares de víctimas lleguen a la Zona Cero este miércoles, y el presidente Donald Trump tiene programado participar en una conmemoración en el Pentágono. El vicepresidente Mike Pence va a dar un discurso en el lugar del tercer ataque, cerca de Shanksville, Pensilvania.

Dieciocho años después de los ataques terroristas más mortales en territorio estadounidense, la nación sigue tratando de reponerse. Las secuelas de los atentados pueden notarse desde las inspecciones de seguridad en los aeropuertos hasta Afganistán, donde la invasión después del 11-S se ha tornado en la guerra más larga de Estados Unidos.

Las negociaciones de paz entre Estados Unidos y el Talibán colapsaron en los últimos días.