DIORIS EL SINDICADO ASESINO DE DOS. O ¿QUIÉN RAYOS ES EL DELINCUENTE?

UNA TRISTE, MUY TRISTE HISTORIA DE LA VIDA REAL O DE LO REAL QUE ES LA VIDA.

Por: Valentín Medrano Peña.

“Es mejor que cien personas culpables se liberen a que una sola persona inocente sufra”. Benjamin Franklin. (1785).

Las autoridades policiales latinoamericanas históricamente han servido para sustentar la venganza de los detentadores de poder. Creando perfiles delictivos a desafectos a las formas de gobierno, haciendo ver como sediciosos a personas que solo procuraban ejercer su derecho a decir y disentir, y asesinando en intercambios de disparos a enemigos, parciales renunciados, contrincantes y desafectos de enquistados en el poder o de un colega, y a amantes de sus parejas o parejas de sus amantes, entre muchos otros.

De todo hay en los millones de historias de procura de asentamiento del sistema de derechos, unas veces tan débiles que se desconoce quien actúa en legalidad y quién es el delincuente, y cuando no a intervalos ambos cumplen con dicha función.

El papel aguanta todo y por ende es fácil llenar de todo un glosario de actividad delincuencial a quien hay que justificar su muerte, y hemos sido testigos silentes y recientes de la puesta de un arma bajo una cama para dar un falso positivo por parte de un fiscal policiado (que actúa como policía), de jóvenes estudiantes que luego de muertos reciben una segunda muerte moral con la aparición de unas fichas que nunca antes existieron, vimos como un peregrino mocano fue entrampado y salvado por un video divino, entre miles de casos, y aún así, nuestros fiscales y jueces les compran sus mentiras a estos cuerpos de “persecución del crimen” sin siquiera pasarlas por el tamiz de la duda.

Me viene a la mente el caso de Dioris Hernández, un joven inquieto que había tenido un pasado reñido con la ley y que decidió, encontrado el amor, dedicarse al trabajo lícito. Irrumpió una tarde lluviosa del año 2009 a mi oficina, ya nos había presentado un parroquiano de Boca Chica amigo en común.

Al entrar me dijo que unos policías del Palacio, de robo, coroneles, lo tenían en zozobra porque querían que siguiera en el mundo delincuencial y pagara un óbolo semanal a lo que decía negarse. No le creí, si al fin se me enseñó que el delincuente siempre miente y en sus palabras había la admisión de delitos que aunque pretéritos no dejaban de serlo.

Pasó no más de un mes luego de ese encuentro cuando recibí una llamada nocturna de un número desconocido que decidí tomar, era Dioris, muy agitado al teléfono diciéndome que fue arrestado en el Hotel Clarión de la Capital y que al no encontrarle hecho delictivo alguno, lo querían enviar a Higuey para imputarle el doble homicidio de unas personas que aparecieron muertas en el interior de una jeepeta que fue quemada en el tramo carretero Higuey-La Romana. Junto a él fueron arrestados cuatro personas más, entre ellos una mujer.

No pude acudir a la medida de coerción que se les conoció por la muerte de esas dos personas ocurridas en Diciembre 26 del año 2006, pero el resultado fue la prisión preventiva.

Me incorporé en el recurso de apelación de la medida, que tuvo lugar en la Corte de San Pedro de Macoris, en donde tuve contacto con la proposición fáctica imputacional en contra de los cuarto imputados, incluyendo, como dije antes, a una joven mujer, estudiante de término universitario, que nunca antes había pisado siquiera la puerta de un cuartel policial, y ya estaba debutando como doble homicida, suerte para ella.

Al leer las glosas algo poderoso en la fecha llamó mi atención, recordé que al conocer a Dioris, este me había hecho la historia del abogado Luis López Rivas y de como este le había conseguido una fianza por un caso anterior en la Provincia Santo Domingo, y de como se tardó en obtener su libertad pronunciada antes del 23 de Diciembre, y no fue sino hasta el día 29 de Diciembre cuando pudo finalmente salir en libertad. Una cosa coincidía en ambos hechos, el año era el mismo, año 2006.

Dioris no pudo haber matado a esos occisos, como afirmaba la policia que le exigía mantenerse en el mundo criminal, porque en Diciembre 26 del 2006 Dioris estaba preso en el penal de La Victoria.

Ocho meses después de contactado el hecho de imposibilidad material de comisión de los hechos, Dioris Hernández recobró la libertad, aún con las pruebas en sus manos nadie quería asumir la responsabilidad de hacer justicia, con él todos los demás salieron libres, al fin tan solo eran un daño colateral. Salvaron de cumplir 30 años encarcelados por algo de lo que no sabían nada, así de frágil es nuestra libertad dominicana tan zarandeada y amparada en la Constitución.

Pero nadie en la policia pagó por ese entrampamiento, nadie fue siquiera amonestado verbalmente por hacer llegar la deshonra y el agravio a esas familias, nadie pidió perdón a Dioris y sus amigos por el mal largo rato, por su injustificada prisión, ni fueron indemnizados.

Años después el Coronel fue ascendido a General.

¿Y quieren que se le llame a esto una sociedad de derechos?

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